miércoles, 5 de febrero de 2014

Mi banco


Nos recuerda tanto que aún nos desea. Nos desea como cuando fuimos la primera vez, al salir de clase y después, para sentarnos en su lomo, para hablar de cuando y como, y de que manera nos contábamos quimeras, mirándonos a los ojo
s y deseándonos, ¡¡que sonrojo!! que uno de los dos pronunciara las dos palabras certeras. Ese "me gustas" que soñábamos oír y surgir de los labios, las nerviosas sonrisas, de nuestros llantos. Escuchó como sonaba cada letra, cada sílaba, cada palabra, para regalarnos el instante del primer beso, la primera frase, de nuestro primer básico deseo.
Nos recuerda como cuando pasábamos en él, las tardes perdidas, el tiempo sin horas establecidas, besándonos y arrancándonos la blusa en nuestras mentes, en los deseos inconfesables, sexo latente, que como dos llamas impertinentes, lamían los tersos cuerpos de amantes adolescentes.
Nos recuerda de tenernos en su cima, bruñidos, calientes y con las armas de amor ardientes, dispuestos a ser uno, en cualquier lugar, en cualquier sitio, el más oportuno.
También nos ve, en las charlas tranquilas, sobre nupcias y festejos, sobre el vestido, y el cortejo, nuestras vidas. Se acuerda aún con cariño de las mañanas de cochecitos, de los juegos con los niños, de sus lloros y sus gritos, sus risas, de cambiarles sus pañales con prisas sobre su lomo, sus tarimas.
Sufre la soledad desde que nos vio llorar, desde que sintió que nunca más, a su lomo reposaríamos, a su respaldo, que el desamor nos lanzó su certero dardo y que, en nuestro mundo se separaron, los delirios de los llantos. Pasar de la sutileza a los amores guarros. Desatados al escarnio de no ver que nuestra vida ha volado, que nuestro tiempo ha pasado, y sin ningún remordimiento, se ha partido de un tajo, el desamor que da el tormento, y que se marchó al carajo, con todos nuestros lamentos.
Ahora nos recibe separados, de las vidas, de nuestros mundos, y del pasado que, sobre su lomo, sobre sus tablas ajadas y sus tacos, le fuimos acompañando. Que nos dio su más seguro asiento, nuestros mejores momentos, en invierno y en verano, cuando era tarde o bien temprano, y por eso está orgulloso de saberse cual es su encanto, que ha sido y será siempre, del parque, mi banco.

Javi Lobo.


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