Cuando era niño, siempre tenía el mismo sueño. Andaba por la calle de noche y decidía volar , para lo cual, tomaba impulso y abriendo mis brazos en forma de alas tomaba altura fácilmente, con la ayuda de un pequeño salto. Era fácil y sencillo, y lo sentía como real. Notaba el aire fresco en la cara, moviendo mis cabellos, el frío en mis piernas, en mis pies y, a la vez que me elevaba del suelo, divisaba las luces y las sombras que abajo dejaba. Las farolas, las ventanas iluminadas desde su interior. Los faros de los pocos autos que a esas horas circulaban. Siempre se trataba de mi barrio, mi ciudad natal. Siempre. Aunque este sueño perdurara ya, incluso de mayor y residiendo a 900 kilómetros de esta, siempre era mi ciudad. Recuerdo claramente que me dirigía a mis rincones favoritos y bajaba para ver que hacían mis amigos en sus casas. A veces los veía cenar, otras dormir o viendo la televisión con sus familias. Otras no los lograba ver. Sus ventanas estaban cerradas. Recuerdo que, creía firmemente que lo podía hacer y era como un secreto en mi. De mayor supe que era un sueño pero, a veces tenia la sensación de ser alguien especial.
En un momento dado de mi vida, esos sueños desaparecieron. No volvieron. Yo, ya era consciente plenamente, de su irrealidad y no me creía ya alguien especial. No no me sentía tocado por esa varita mágica del viento, esa fuerza interior para lograrlo y renuncié a volar por ser hombre de a pie.
Ahora, se que no puedo volar como en m
is sueños, pero me siento especial porque puedo volar, en vida y en cercanía con la gente. No tengo alas, solo a mi mismo. Me siento especial y eso me hace volver a mi infancia y a sentirme como me sentía antes. Ahora vuelvo a volar otra vez.
Javi Lobo.
Cuando era niño, siempre tenía el mismo sueño. Andaba por la calle de noche y decidía volar , para lo cual, tomaba impulso y abriendo mis brazos en forma de alas tomaba altura fácilmente, con la ayuda de un pequeño salto. Era fácil y sencillo, y lo sentía como real. Notaba el aire fresco en la cara, moviendo mis cabellos, el frío en mis piernas, en mis pies y, a la vez que me elevaba del suelo, divisaba las luces y las sombras que abajo dejaba. Las farolas, las ventanas iluminadas desde su interior. Los faros de los pocos autos que a esas horas circulaban. Siempre se trataba de mi barrio, mi ciudad natal. Siempre. Aunque este sueño perdurara ya, incluso de mayor y residiendo a 900 kilómetros de esta, siempre era mi ciudad. Recuerdo claramente que me dirigía a mis rincones favoritos y bajaba para ver que hacían mis amigos en sus casas. A veces los veía cenar, otras dormir o viendo la televisión con sus familias. Otras no los lograba ver. Sus ventanas estaban cerradas. Recuerdo que, creía firmemente que lo podía hacer y era como un secreto en mi. De mayor supe que era un sueño pero, a veces tenia la sensación de ser alguien especial.
En un momento dado de mi vida, esos sueños desaparecieron. No volvieron. Yo, ya era consciente plenamente, de su irrealidad y no me creía ya alguien especial. No no me sentía tocado por esa varita mágica del viento, esa fuerza interior para lograrlo y renuncié a volar por ser hombre de a pie.
Ahora, se que no puedo volar como en m
is sueños, pero me siento especial porque puedo volar, en vida y en cercanía con la gente. No tengo alas, solo a mi mismo. Me siento especial y eso me hace volver a mi infancia y a sentirme como me sentía antes. Ahora vuelvo a volar otra vez.
Javi Lobo.

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